4 Respuestas a “Soledad: la pandemia detrás de la pandemia, por Carlos J. González Serrano”

  1. Discutible. Antes de la pandemia veía los centros comerciales llenos de gente obsesionada con el celular, unos comprando cosas que nunca usarán y otros sufriendo porque no podían comprarlas. Eso sí, pendientes de los convencionalismos sociales que tenían que cumplir. Mucha gente cercana físicamente, pero realmente distantes. La pandemia lo que ha hecho es recluir a las personas en sótanos y los ha privado de mecanismos de evasión que antes estaban a su alcance. Algo más. La soledad puede ser placentera, provechosa, fructífera, fuente de desarrollo personal, punto de partida de la expansión del intelecto y del corazón, como ha ocurrido tantas veces y en tantos lugares. ¿Es imaginable Kant con esposa e hijos que mantener? ¿Es imaginable Newton sin el régimen espartano al que se sometía? ¿Y Jacobi? ¿Y San Juan de la Cruz alejado de la cueva en la cual meditaba?

  2. “Es importante remarcar que ni el suicidio ni otros fenómenos como la ansiedad, el alto estrés o la depresión han de estar causados necesariamente por un trastorno mental. ”

    Estos fenómenos como los llamas no pueden ser causados por lo que es su consecuencia. Un trastorno no es más que un conjunto de síntomas, un síndrome que puede llegar o no a ser un trastorno (si se cumplen todos los criterios del trastorno). Una persona que se suicida o sufre una depresión evidentemente tiene un trastorno mental, y gracias a que existen estas señales (síntomas) que en su grado más intenso se denomina trastorno, se podría con los recursos humanos y económicos necesarios evitar esta alta cifra de suicidios. Hay que dar gracias a que existan como entidades nosológicas los trastornos, en épocas anteriores no existían estas “etiquetas”, no existían ayudas sociales, psiquiatras, ni psicólogos, estas personas eran discriminadas socialmente, y en muchas ocasiones internados y recluidos el resto de su vida.

    Admiro tu trayectoria Carlos J. Gonzalez pero este artículo es muy criticable desde la psicología, tal como yo la entiendo y estudio.

    1. Estimada Cristina: por supuesto. Lo que digo en el artículo no es que no existan trastornos psicológicos, sino que tras ciertas emociones normales de angustia, miedo o incertidumbre no tiene por qué existir (siempre) un trastorno. Son afirmaciones distintas en su raíz. Nos hemos acostumbrado peligrosamente a vivir rodeados de un afán constante por patologizar cualquier emoción. Y las emociones son, en ocasiones, síntomas adaptativos, no patológicos. Desde luego, cuando existe un malestar evidente es necesario consultar con un profesional. Lo que quería apuntar con el artículo era la paulatina deshumanización que están sufriendo las relaciones humanas y, en correspondencia, la consiguiente merma de su calidez.
      Un afectuoso saludo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *