Volvemos, por Cecilio de Oriol

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I

Regresa “Mirar y Ver”.  Y regresa bajo la amable cobertura de la “Revista Deliberar” con la que he tenido y tengo relaciones, perfectamente confesables unas y menos otras. Pero no les distraigo con mis revueltas y, aunque en mi tierra el hablar de uno sin haber sido preguntado es señal de defectuosa crianza, les doy una simple noticia que puede que interese a mis improbables amigos y quizá ilustre algo a los que les soy perfectamente indiferente.

Yo sigo en mi casa y en mi tierra, la Granada de mis desvelos, de mis sueños y de mi pesar. Y sigo instalado en mi mirador hacia la Sierra y en mi escueto jardincillo en el que se han ido mezclando, rosas, camelias, arrayanes y azaleas, en confuso pero no desordenado montón, apareciendo y desapareciendo a lo largo de las estaciones y de los climas. La fuentecilla sigue manando y el empedrado de los caminitos  no se descascarilla demasiado.

A mi alrededor soy consciente de que el mundo se mueve y se mueve rápido (incluso Granada, tan quieta, tan plegada sobre si misma) pero yo llevo ya muchos años sito en una especie de ojo del huracán en el que el cielo siempre es azul, el viento está en calma y solo si se asoma uno a la ventana ve que, en realidad, le rodean farallones grises de nubes que, como los jaques redivivos, parecen hacer gestos amenazadores desde lejos.

Asmodeo, mi viejo y fiel demonio penate (tendrán ocasión de comprobar  cómo nos importuna) sigue conmigo y también envejece a mi par aunque su legendaria malaleche le hace aun ser incisivo y, por supuesto, incontrolable.

Ya hablaremos de todo eso.

Pero hoy comparezco para otra cosa,

Como les decía al comienzo, reanudo el blog “Mirar y Ver”, El mirar es tarea placentera o no pero siempre será tarea informante y necesaria. El ver es asunto más complejo por que muchos miran y no ven y otros pretenden verlo todo sin mirarlo.

Yo pienso que  hay que mirar  y en un segundo e inmediato paso ver, con la claridad del que mira en la neutralidad de la distancia y con la  cercanía, comprensiva y amorosa, del que mira a lo humano.

Y eso es lo que haremos en este espacio que me ceden

Mirémoslo todo y a ver que vemos.

II

Pero mirarlo todo se acerca peligrosamente a no mirar nada y en consecuencia permanecer ciego  a lo que pasa y nos rodea.  Es importante mirar hacia atrás y hacia delante, hacia arriba y hacia abajo, a derechas y a izquierdas.  Y como todo ello no puede hacerse simultáneamente sin riesgo de bizquear, literal y metafóricamente, lo iremos distribuyendo en el tiempo a través de noticias viejas y noticias nuevas, opiniones y reseñas, libros antiguos y libros recientes, declaraciones prolijas, fogonazos y recuperaciones. Buscando siempre solicitar la mirada de los otros y sin miedo que ésta se resuelva en curiosidad, interés, desdén o disgusto.

Se trata, en definitiva de tocar todo lo que acontece en el mundo de lo real y de lo literario, de la faction y de la fiction, que llame mi atención y me parezca digno de que llame la suya.

Por eso este diario de notas, acumulo de observaciones, recuento de ocurrencias, centón de cotidianeidades o como diablos quieran llamarlo parte de un convencimiento ya antes pergeñado: No hay (ni puede haber) limite para mirar y hay que conseguir ver la mayoría de lo mirado.

A eso vamos.

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