Sobre la amistad/2. David y Jonatán (Antiguo Testamento), por Fernando Rivas Rebaque

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Mientras la lengua griega distingue entre el amor erótico (érôs), el amor al prójimo (agápê) y la amistad (philía), el hebreo no tiene ningún término específico para designar la amistad, por lo que utiliza la raíz ‘ahab (“amar”) para describir la relación de afecto entre los seres humanos o entre YHVH y su pueblo, e incluso algunas figuras excepcionales como Moisés llegarán a ser denominadas “amigos de Dios”. A  pesar de esta pobreza lingüística, en la Escritura hebrea encontramos uno de los más bellos testimonios de amistad en una sociedad agraria y guerrera: la relación entre Jonatán, hijo del rey Saúl, y David, descrita en el horizonte de una triple alianza que los liga personal y comunitariamente, donde el Todopoderoso actúa como testigo.

Primera alianza 

La primera alianza se establece después de la muerte de Goliat a manos de David, cuando leemos: “Al acabar de hablar David a Saúl, el alma de Jonatán se apegó al alma de David y lo amó Jonatán como a sí mismo… Hizo Jonatán alianza con David, pues le amaba como a sí mismo. Se quitó Jonatán el manto que llevaba y se lo dio a David, su vestido y también su espada, su arco y su cinturón”,  Primer libro de Samuel 18,1-4.

Desde el inicio la amistad se impone al parentesco (algo inconcebible para aquella cultura, donde  la fidelidad a la familia era un valor fundamental), y trae consigo una intimidad llena de respeto, corazón y compromiso. El amor de Jonatán a David “como a sí mismo” muestra la estrechísima relación que une a ambos y se irá completando en los dos siguientes capítulos hasta provocar un cambio de estatus: David, el pastor, se convertirá en rey, y Jonatán, el futuro rey, acabará por morir.

Al contrario que la mayoría de las alianzas de la Escritura, donde predomina el carácter bilateral, la alianza entre Jonatán y David tiene un carácter unilateral y gratuito, como expresa el regalo de las vestiduras y armamento militar de Jonatán, con el potencial simbólico que este gesto tenía en una sociedad  guerrera como aquella, al ser expresión de lo más íntimo e  intransferible del varón (como hemos visto en el caso de Aquiles y Patroclo). De hecho, el rey Saúl, padre de Jonatán, lo había intentado hacer con David, pero no había sido posible (cf. 1Sam 17,38s).

Segunda alianza

Este amor y alianza tan intensos entre Jonatán y David (en 1Sam 19,1 leemos: “Jonatán amaba  mucho a David” [se utiliza el verbo hefets, que indica una fuerte vinculación  de una persona con otra]) serán sometidos pronto a prueba por la envidia y cólera de Saúl, que amenazan la vida de David. Al inicio Jonatán asume un papel de intermediario entre Saúl y David, en un intento de salvar ambas fidelidades, aunque siempre priorizando la amistad con David, y avisa a David para que se esconda, intercediendo por él ante su padre. Pero como el peligro sigue, David invoca una segunda alianza a Jonatán: “Haz este favor a tu siervo, ya que hiciste que tu siervo estableciera contigo alianza de Yahvé; si hay falta en mí, dame tu mismo la muerte, ¿para qué llevarme ante tu padre?” (1Sam 20,8).

Más adelante, ante la escalada de la tensión, y en contra de lo que pedía su condición de heredero y el honor debido al paterfamilias, Jonatán urde una estratagema con David para conocer la verdadera intención de su padre, situándose siempre de parte de David, “por el amor que le tenía, pues le amaba como a sí mismo” (1Sam 20,17), aunque con una petición dirigida a David: “Si para entonces estoy vivo todavía, usa conmigo la bondad de Yahvé, y si he muerto, nunca apartes tu misericordia de mi casa… Que no sea exterminado Jonatán de la casa de Saúl, de lo contrario, que Yahvé pida cuentas a David” (1Sam 20,14-15). Palabras que David cumplirá por fidelidad a su amigo.

Jonatán intenta sin éxito calmar la ira de su padre, Saúl, que le insulta gravemente: “¡Hijo de prostituta! ¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de Jesé para vergüenza tuya y vergüenza de la desnudez de tu madre? Pues mientras viva sobre el suelo el hijo de Jesé, no estarás a salvo ni tú ni tu realeza, así que manda buscarlo y tráemelo, porque es reo de muerte”, 1Sam 20,30-31. Tanto el insulto como la agresión posterior (“blandió Saúl su lanza contra Jonatán”, v. 33) son tan graves que Jonatán abandona la mesa y advierte a David de que no regrese a la corte. La separación, narrada con un gran sentimiento (“David se postró ante Jonatán tres veces. Se abrazaron los dos y lloraron copiosamente”, 1Sam 20,41), concluye con una fórmula de alianza: “Vete en paz, ya que nos hemos jurado en nombre de Yahvé: ‘Que Yahvé esté entre tú y yo, entre mi descendencia y la tuya para siempre’” (1Sam 20,42).

Tercera alianza

 La tercera alianza se realiza en el último encuentro entre David y Jonatán y supera todas las expectativas: “‘No temas [David], porque la mano de Saúl, mi padre, no te alcanzará; tu reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo…’. Hicieron ambos una alianza ante Yahvé”, 1Sam 23,17-18. En las dos anteriores alianzas Jonatán es el protagonista, en cambio esta última es mutua. Es, además, una amistad y una alianza que superan el presente, y por eso David, “por amor a su amigo” se convertirá en protector  de la descendencia de Jonatán (cf. 2Sam 9,1.3.7).

Los destinos de ambos se separan hasta que David se entera de la muerte de Jonatán y Saúl. Siempre han sido los demás (Saúl, Mikal, el pueblo de Israel) los que han expresado su amor a David, pero no sabemos qué siente David hasta este momento cuando se desborda de dolor y entona una elegía por ambos, donde destacan las palabras dedicadas a Jonatán: “Por tu muerte estoy herido, por ti lleno de angustia, Jonatán, hermano mío, en extremo querido. Tu amor era para mí más delicioso que el amor por las mujeres”, 2Sam 1,25-26.

David tuvo una vida más larga, más hijos, más poder, más fama. Pero estuvo rodeado por personas más interesadas en las relaciones contractuales que en la lealtad y, al final, solo le quedará el calor de la sunamita (cf. Primer libro de los Reyes 1,1-4). Jonatán murió joven, violentamente, concluyendo con él su dinastía, pero manteniendo su lealtad intacta hacia quien fue su gran amigo, como un anticipo y muestra de lo que es la auténtica amistad.

5 Respuestas a “Sobre la amistad/2. David y Jonatán (Antiguo Testamento), por Fernando Rivas Rebaque”

  1. Muchas gracias por la reflexión.
    Siempre me ha gustado mucho el ejemplo de amistad de David y Jonatán. En una cultura como la actual, en la que casi cualquier relación interpersonal parece tener que conllevar o derivar siempre en relación sexual, me parece muy importante redescubrir el valor de la amistad – que se resume en afecto, confianza, deseo del bien del otro y lealtad.

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