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Cultura

La tecnología ¿beneficio u obsesión?

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La tecnología es un incendio que no cesa. Fiel a su lema, cada vez nos da más por menos. Más capacidades en el menor espacio y por menos dinero. Todo para hacernos la vida más sencilla y que podamos pasar más tiempo sentados cómodamente en nuestro sofá. La sociedad se ha transformado en muy pocas décadas y ha dejado de preocuparse por las necesidades naturales (como trabajar para comer) para obsesionarse en como gestionar la tecnología (billetes electrónicos, nomina electrónica, entretenimiento…).

Pero, ¿queremos tener una vida placentera o ser felices?

A veces intento imaginar la vida que podrían haber llevado mis abuelos de jóvenes en el pueblo, y me pregunto si eran más o menos felices que nosotros.  Sin duda ellos tendrían más trabajo y más duro, y nosotros tenemos más horas para estar cómodamente sentados en el sofá viendo series o inmersos en una realidad virtual en lugar de pasar la noche charlando frente al fuego.  Pero por estar más ocupados o trabajar más duro ¿eran ellos menos felices que nosotros?  

Nuestros abuelos trabajaban la tierra para vivir. Ahora, algunos de nosotros, con todo el tiempo libre que nos ahorra la tecnología alquilamos huertos y sembramos tomates que nunca recogeremos, bien porque nos hemos ido a visitar un país exótico o bien porque tenemos una importante misión virtual que ejecutar. (cf. El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, cap. 23)

Si el lector me responde que la forma de vida no está ligada con la felicidad, entonces dejadme que cuestione todo el empeño que tienen los científicos y tecnólogos por encontrar nuevos materiales más potentes y más eficaces, el de los políticos por financiar estas acciones como parte fundamental del desarrollo de un país ¿es realmente la tecnología un beneficio social o una obsesión de esta época?   Tal vez la versión tecnológica de la ciencia, la inversión que demandamos de los estados para i+d no sea más que una malversación de una sociedad que ha perdido sus valores.

El lector dirá que no todo es tecnología, que también está la salud, y que hoy día sabemos que escala perfectamente el desarrollo tecnológico con la esperanza de vida. Pero, ¿acaso tiene sentido que vivamos tantos años? De nuevo la pregunta. ¿se trata de cantidad o calidad de vida? Yo creo que realmente importa la calidad. El recuerdo vívido de nuestras emociones o los sueños que perseguimos es lo que da sentido a nuestra existencia.

Tal vez la medicina debería prepararnos para una muerte amable en lugar de mantenernos vivos con máquinas sofisticadas en hospitales. 

Así pues, acabo de relegar la ciencia a la investigación pura, a aquella que no sirve para nada y no es más que un regalo para nuestro intelecto ofreciéndonos una mejor compresión del mundo en el que vivimos. Una ciencia que se asemeja en su construcción al arte, tan inútil como bello. Este razonamiento me lleva también a denostar la tecnología, la investigación aplicada para desarrollar nuevos dispositivos o productos, tan omnipresente en la sociedad del primer mundo como un incendio del que no podemos escapar.

José Ángel Martín-Gago (Profesor de Investigación del CSIC)

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